Los orígenes del Club

Corrían los años cincuenta y el país poco a poco se sobreponía de la gran catástrofe de la Guerra Civil, agravada, a continuación, por la Segunda Guerra Mundial. Poco a poco se superaba el aislamiento de nuestro propio retraso unido al impuesto por los vencederos en la segunda de las grandes guerras del pasado Siglo XX.

A pesar de la mucha inmovilidad institucional la sociedad española avanzaba por la senda del progreso y la modernización y, como no podía ser de otra manera, el deporte comenzó su recuperación incluido el nuestro de la Vela.

Muchos entusiastas aficionados al deporte sintieron la necesidad de difundir, de forma casi mesiánica, las maravillas y ventajas de sus respectivas especialidades. Este movimiento permitió crear nuevas estructuras y recuperar algunas de las anteriores, sobre las que edificar la nueva casa de cada deporte.

Este es el caso, por ejemplo, de nuestro club, creado a tantas millas de la mar, en plena estepa castellana, y debido a la visión y el empuje de un grupo de personas comprometidas con la Vela, que vivían en Madrid por diferentes razones y que normalmente practicaban la vela solamente en la costa y en los periodos vacacionales.

Los grandes impulsores de nuestro Club fueron Miguel López Dóriga y Ángel Riveras de la Portilla quienes tenían una idea mesiánica de la vela, algo por otra parte muy extendido en este deporte no solo en esos tiempos.

Miguel pertenecía a una antigua familia santanderina muy relacionada con el mundo de la vela, no en vano varios López Dóriga habían desarrollado labores en diferentes puestos de responsabilidad en la vela española desde prácticamente sus orígenes. Su abuelo Don Victoriano, a la sazón Gentilhombre de Cámara de Alfonso XIII, había sido Presidente de la Federación de Clubs Náuticos desde su fundación, en el año 1909 hasta su muerte, justo terminada la Guerra Civil.

La idea fundacional consistía en reunir a un grupo de 150 socios entre los aficionados y navegantes de las diferentes costas del país que vivieran en Madrid. Esto les permitiría seguir navegando fuera de la época estival de vacaciones. A este grupo se le añadiría, además, una serie de personalidades de relevancia social de la época.

Una vez elaborada dicha lista el General Franco insistió en que su yerno Cristóbal Martínez Bordiú, Marqués de Villaverde, formara parte del grupo fundacional. Para lo cual se añadió un número 150 bis, como así consta en la primera relación de socios.

Por fin a finales del año 1958, concretamente el día 15 de noviembre, se constituyó formalmente el Club Náutico de Madrid y comenzó a funcionar impulsado por su primera Junta Directiva, desde ese momento, con todas las bendiciones legales y administrativas, incluida la previa aprobación de nuestros primeros Estatutos por parte de la Delegación Provincial de Policía, con fecha de tan ilustre como las del 17 de Julio del año 1958.

Los Socios Fundadores

El empuje de Miguel y la sólida y eficaz asistencia de Ángel, secundados por los primeros y entusiastas adeptos permitió convencer a un grupo de navegantes residentes en Madrid y que ya eran socios de otros clubes de la costa, un segundo grupo de aristócratas y miembros de la más destacada sociedad capitalina, interesados por el deporte y algunos altos oficiales de La Armada.

En el primer grupo encontramos a ilustres regatistas como Juan Manuel Alonso Allende o Juan Manuel de Zubiría, también socios del Real Sporting Club de Bilbao, Gonzalo Fernández de Córdona, de Real Club Mediterráneo de Málaga.

Una veintena larga de Titulados formaron parte de los fundadores, desde nuestro socio número 1, el Duque de Grimaldi, José Joaquín Marqués Patiño, hasta el 10 Bis, el ya mencionado Marqués de Villaverde. Entre ellos títulos tan sonoros como el de Duque de Alba, Duque de Veragua o Marqués de Comillas.

En representación del mudo empresarial apellidos tan sonoros e ilustres como Coca, Güel, Barreiros, Aznar, y de la política como Sánchez Arjona, Castiella, entre otros.

A la búsqueda de la mejor ubicación

Afortunadamente Miguel López Dóriga contó con la inestimable ayuda de Longinos Luengo buen amigo suyo y a la sazón ingeniero jefe de la Confederación de Aguas del Tajo. Esta amistad resultó del todo imprescindible, sin ella hubiera resultado prácticamente imposible crear el Club.

Paralelamente a la formación del grupo de socios fundadores y cuando ya se había seleccionado el recientemente construido Pantano de San Juan como mejor emplazamiento posible, el grupo de promotores comenzó la búsqueda del enclave ideal dentro del pantano.El elegido fue el formado por una península y su rada adjunta, situados cerca de la presa en la margen de Poniente y dentro del término municipal de San Martín de Valdeiglesias.

Como dicho terreno formaba parte del Monte Público, propiedad del Ayuntamiento de San Martín de Valdeiglesias y resultaba prácticamente imposible adquirir o acceder a el de una forma “normal”” puesto que la intrincada burocracia y legislación de entonces, y de ahora, impedía cualquier posibilidad razonable. Pero siempre existe lo que años más tarde daría en llamares “voluntad política”, de tal manera que nuestro Club recibió una “autorización verbal”, de la CAT para establecerse en una de las orillas del Pantano y poder navegar.

A grandes males grandes remedios y una noche se personaron en la zona elegida el General Navarro, Conde de Casaloja, a la sazón ayudante de Franco, acompañado por el joven arquitecto y socio fundador Ramón Canosa, convenientemente escoltados por unos cuantos turutas dotados de estacas y cal viva. Se demarcó y delimitó el perímetro de la actual ubicación del Club de una forma que los clásicos podría haber denominado “manu militari”. De hecho durante la operación el general y socio fundador le peguntó a Ramón Canosa “¿Ramoncito, esto que estamos haciendo, seguro que está bien?” a lo que nuestro campeón de España de Star contestó: “Mi General, lo que estamos haciendo es robar”, para mayor consternación de dicho oficial.

El primer presidente del Club Náutico de Madrid fue el Capitán de Navío de la Armada Álvaro de Urzaiz y Silva también creador de las Comisiones Navales de Regatas y gran impulsor de la práctica de la vela en nuestra Marina de Guerra. Desafortunadamente Don Álvaro moriría de forma prematura.

La construcción de nuestro edificio y el inicio de la navegación

Allá por octubre del año 1958 se celebró la asamblea fundacional del Club en la Federación de Clubs Náuticos y en poco tiempo se reunieron 150.000 pesetas, correspondientes a la cuota de entrada de los 10 primeros socios fundadores, por entonces todo un capital, de tal manera que se pudo comenzar a construir nuestro edificio social, sobre planos de gran arquitecto José Antonio Corrales.

La idea era realizar una primera fase para cubrir todas las necesidades deportivas y ampliar y completar, más tarde, la zona social, con los correspondientes salones, biblioteca y puente de mando. En conjunto completo requeriría de un presupuesto en torno a los dos millones de pesetas.

Lo realizado en el año 1961 era la plataforma de hormigón, donde se situó la primera grúa, con el edificio que dejaba un amplio espacio cubierto para ser utilizado como galpón de barcos y pertrechos. Por la escalera de caracol aún existente se accedía a la primera planta, donde se situaban los vestuarios. Con sus correspondientes duchas y taquillas, un salón en forma de L y el bar, con su cocina. Sobre la terraza se situó la primera planta de energía solar creada en España para calentar agua sanitaria.

El edificio social del Club es todo un referente el la arquitectura de los años sesenta, es curioso que algunos clubes náuticos españoles dispongan de edificios con notable arquitectura, por ejemplo el Real Club Náutico de San Sebastián , dibujo de Aizpurúa (primer Campeón de Europa de Star) y precursor de algo tan poco carpetovetónico como pueda ser el racionalismo.

Para acceder al edificio del Club se creó primitiva carretera de tierra, aún en servicio, así como el aparcamiento primitivo, también en uso, que se unía con el edificio a través del actual camino peatonal, dotado de nuestro pequeño y coquetón puentecito.

Ya en el año 1961 la flota del Club Náutico de Madrid estaba constituida por nueve snipes, un Cadete y un 505. Lástima que esta extraordinaria clase no prendiese en España, pero ciertamente era muy avanzada para nuestro nivel en ese momento y aún décadas después. Una serie de botes y pequeñas motoras, más de una docena, completaban el material flotante existente en el Club durante las primeras temporadas.

La primera Junta Directiva

La Junta Directiva que hizo posible todo esto estaba presidida por Álvaro de Urzaiz y Silva con Ángel riveras de la Portilla de Vicepresidente y Miguel López Dóriga de Comodoro. El Secretario era José Joaquín Márquez Patiño, a la sazón Duque de Grimaldi y Vicesecretario Jean Riglet Morizot. El puesto de Tesorero lo ocupaba Antonio Muñoz Cabrero, con Rafael Azcoaga y Mendizábal de Vicetesorero, mientras que Manuel Beamonte de Cominge era el Vice comodoro.

Los Vocales fueron: José Gandarias y Urquijo, Luis Martínez de Irujo (Duque consorte de Alba), Justo Saavedra Collado, Gonzalo Fernández de Córdoba (Duque de Arión), Julián Celaya Gutiérrez, Alfonso Güel (Marqués de Comillas), Cristóbal Colón y Carvajal (Duque de Veragua), Alfonso López Dóriga y Pérez, José Navarro y Morenés (Conde de Casa Loja), Pedro Riveiro Fernández y Ramón Canosa de los Cuetos.

Los primeros empleados del Club

Otro de los problemas a resolver era el de los empleados técnicos que precisa todo club náutico. El la costa siempre es posible encontrar marineros capacitados en los muy marineros Pelayos de la Presa o San Martín de Valdeiglesias y en plenos años cincuenta la situación era muy distinta. El primer empleado del Club fue Felipe, era pintor y carpintero y trabajaba en la Confederación. Ya desde los primeros momentos coopero en la búsqueda del emplazamiento ideal y pronto pasó a integrarse en el Club.

Pero Felipe no era marinero en absoluto. A través de Don Juan, Conde de Barcelona, el comodoro y Riveras de la Portilla encontraron a Ramón Pérez, hermano de uno de los marineros del Giralda, quién trajo a su cuñado Manolo Galiñanes, ambos gallegos y gente de mar. Dos jóvenes de San Martín entraron como aprendices de marinero, ambos se llamaba Leoncio, de apellidos Pérez y Carreras. Más tarde se incorporarían Feliciano Rodríguez como encargado del mantenimiento, junto a Concepción Reviejo. Ya desde el principio la administración la llevó Narciso Balsa.

Durante los primeros inviernos colaboraron con el Club los marineros de dos socio destacados; Pepe el Malagueño, aportado por Gonzalo Fernández de Córdoba, quien más tarde ocuparía la presidencia del Club e Ignacio Lirón, excelente marinero de Laredo y también proel en el Star de Mario Caprile.

Como guarda de noche se contrató a Sandalio Yuste, que patrullaba los terrenos con su escopeta al hombro, prueba de ello tenemos en los perdigones incrustados en la torre del transformador, donde, una noche creyó ver una silueta que no se identifico, y como prevención le descerrajó ambos cartuchos de mostacilla. Dicha silueta, más tarde se comprobó, no era otra cosa que la sombra de la primitiva bomba de gasolina, que proyectaba una de las farolas del aparcamiento.

Como secretaria, en la oficina de, primero, la Plaza de Santo Domingo número 13 y más tarde en la actual de Pinar número 6 en Madrid, se contrató a Nieves Rosado que se volcó en el servicio al club hasta su jubilación.

Desde el principio la responsabilidad del servicio de hostelería recayó sobre el equipo de Los Arcos, el mejor asador de San Martín de Valdeiglesias, encabezado por su propietario Primitivo López, el renombrado Primi.

El año 1961, la gran explosión

Las primeras regatas locales se celebraron a primeros del año 1961 y en ellas compitieron una decena de snipes y el ya mencionado 505 y lo hicieron mediante un sistema de compensación que proporcionó la primera victoria de nuestro club al 505 de por delante del Snipe de La Duca (Gonzalo Fernández de Córdova).

En las regatas de Semana Santa, ensayo general con todo de la gran cita del ya inmediato San Isidro, ya compitieron una docena de snipes, con victoria de los hermanos Gallego y su Vakechuta, seguidos del Mosquito X en esta ocasión con un jovencísimo Alberto Larrañaga a la caña.

Pero lo mejor estaba por venir, se trataba de las regatas de Semana Santa y, sobre todo, la primera edición del Trofeo San Isidro, la más importante cita deportiva de nuestro Club, que llegó ha ser la regata con mayor participación de las que se celebraban con periodicidad regular en España.

Para afrontar tamaño reto en el seno del Club se crearon una serie de comités, empezando por el básico Comité de Regatas, dirigido por Rafael Azcoaga. El Comité de Mar (la falta de costumbre), a las órdenes de Willie Garra, el de recepción, a cargo de Ricardo Morana o el de aparcamiento, controlado por Jean Riglet, además de el de prensa con un jovencísimo Fernando Bolín al frente.

El resultado es que en la primera edición de nuestro San Isidro compitieron la importante cifra de 52 barcos, entre snipes, con 44 participantes y los ocho stares

Nace la regata de San Isidro

Se celebraron tres pruebas, una por día. La primera con vientos Sur más o menos normales, lo que permitió completar el recorrido a todos los stares y a la mayor parte de los snipes. No pasó lo mismo en la segunda prueba en la que los recalmones impidieron terminar dentro del tiempo límite a la mayor parte de la flota de snipes, solamente se clasificaron 11. En la tercera prueba se comenzó navegando con sures suaves que rolaron a un alegre norte que arreció de forma notable en la última popa de los snipes, estas alteraciones eólicas hicieron que la regata resultara complicada para mucho y causaron algún que oto vuelco entre los snipes e, incluso, una rotura de mástil.

Es Star comenzaron ganando Enrique Urritia con Emilio Gurruchaga, pero Ramón Canosa y Camilo Seguers padre reaccionaron imponiéndose en las dos pruebas restantes y alzándose con el primer San Isidro de esa legendaria Clase, seguidor por los ya mencionados Urrutia – Gurruchaga y Bareño – Mariño, quienes comenzaron fuerte con dos segundos puestos.

Los snipes, el plato fuerte

La regularidad fue el merito que permitió al Suavísimo alzarse con la Victoria en el primer San Isidro, puesto que a sus dos primeros puestos unió un cuarto en la última y complicada prueba. El suavísimo, de la flota de Mella estuvo tripulado por el matrimonio Rodríguez.

La flota presente reunió lo mejor del Snipe español del momento, con barcos representantes de la mayor parte de las flotas de nuestro país y la casi totalidad de los regatistas de primera fila.

A la cita no faltaron históricos como Pedro Casado, Cholo Armada, Forteza, Pepe Belles, además de los “locales” Juan Manuel Alonso Allende o Gonzalo Fernández de Córdova y lo “jóvenes” Fernando Bolín o Arturo Delgado.

La victoria de Suavísimo fue incontestable, el segundo puesto lo alcanzó el Guadalimar de Juan Manuel Alonso Allende con su hijo Juanma de tripulante, aún poco crecido para las regatas de viento, con dos terceros y un séptimo en la última prueba.

Para explicarse la clasificación es necesario recordar que en aquella época no existía el descarte, con lo que las veleidades del pantano podía jugar alguna mala pasada, es fue el caso de Pedro Casado que comenzó con dos segundo, pero no terminó la tercera regata, con lo que se tuvo que conformar con el noveno puesto de la tabla. Por su parte no fue la regata del Canuto XIII de La Duca y Triay, que se marcaron el mismo puesto que el número de orden de cu Canuto, con un descalificado en la segunda prueba

CLASIFICACIONES

Clase Olímpica Star

  1. Racha -> Ramón Canosa – Camilo Seguers
  2. Pasodoble -> Enrique Urrutia – Emilio Gurruchaga
  3. San Celedonio -> Josechu Bareño – Mariño
  4. Galerna -> Arregui – Arregui
  5. Lario III -> Mario Caprile – Leaniz
  6. Aldebarán-> Zubiría – Escudero
  7. Argos II-> Lerma – Lerma
  8. Argos I-> Lerma – Echagüe

Clase Snipe

  1. Suavísimo -> Manuel y Dolores Rodríguez
  2. Guadalimar -> Juan Manuel Alonso Allende – Juan Manuel Jr.
  3. Fanfa -> Antonio Suris - Alonso
  4. Despiste III -> Eduardo Fornells – Abadal
  5. Chubasco II -> Beamonte – Beamonte
  6. Mosquito X -> Arturo Delgado – Leguina
  7. Júcar -> Canuto – Ripio
  8. -> Herreros y Señora
  9. Rocío II -> Pedro Casado – Ruíz
  10. Harmatan -> Lorente – Juega
  11. Chuvias II -> Cholo Armada - Pazos
  12. Piliana -> Antonio Grau – Juanola
  13. Canuto XIII -> Gonzalo Fernández de Córdova – Luis Triay
  14. Agárrate -> Cruceiro – Sáez Baños
  15. Nenufar V -> Lluesma – Marco
  16. Antela -> Castillo – Herrero
  17. Ess IX -> Scholander – Molín
  18. María Carmen -> F. López – Dóriga – Roca
  19. Erika I -> Riglet – Follet
  20. Sonia -> Fernando Bolin – Casares
  21. Selín -> Magdaleno – Pujol
  22. Piropo -> García Movellán y Señora
  23. Alberche -> Riva Suardíaz – R. Meana
  24. Tonina -> Gil – Soler
  25. Vier III -> Balaguer
  26. Tornado -> Forteza – Sáenz
  27. Vakechuta -> Gallego – Marcos Ratier
  28. Segura -> Romero – Conesa
  29. Trompy II -> Victoriano López Dóriga – Casa Loja
  30. Vikingo -> Bellés – Vido
  31. Mariena -> Mendiguchía
  32. Rayo III -> Rafael Sanz – Sanz
  33. Ulises -> Mendiguchía
  34. Gloria III -> Colomina – Cardenal
  35. Turia -> Alonso – Alonso
  36. Manacha -> Abadalejo – Herreros
  37. Cántabro -> Vericat – Anleo
  38. Alay IV -> Bedia – Folch
  39. Gagarín -> M. López Dóriga – Núñez
  40. Bogabante -> Sainz – Sainz
  41. Carbel -> Dolls – Briones
  42. Trinquete -> Guillermo Garra – Marcos Rattier
  43. Erika II -> Ángel Riveras de la Portilla – Pérez
  44. Jamalu -> Charlier - Redondo

Este mismo año 1961 la naciente y exitosa cita de San Isidro se complementó con una regata internacional en otoño, prologo del actual Trofeo de la Hispanidad. En esta ocasión, además de Star y el Snipe compitieron por primera vez los Finn y se registró la presencia de tripulaciones de Italia, Francia, Portugal e, incluso, de Los Estados Unidos de Norteamérica. Aunque para aumentar la notoriedad de la participación internacional se contabilizó al estarista de Laredo Camilo Shegers, con su nacionalidad belga de origen.

A diferencia del San Isidro, en esta ocasión se disputaron cinco pruebas, que eran las programadas. Las cuatro primeras pruebas se disputaron con vientos suaves de la presa y la quinta y última con una buena castaña de El Estrecho, lo que provocó algún que otro chapuzón.

Como es de rigor la clase más numerosa fue el Snipe, con 43 barcos en regata, con un total de 17 extranjeros y victoria de los italianos Reggio – Mazzoni, con dos segundo y un tercero como mejores resultados, segundos fueron los malagueños Gómez Raggio – Bejarano, quienes se apuntaron la victoria en la tercera prueba, acompañada por un segundo en la primera, pero un puesto 14 en la última les privó de la victoria. Terceros fueron los portugueses Sena – Da Silva, con un segundo y un tercero como mejores parciales.

La clase Finn solamente contó con dos participantes; el francés Pierre Gillet y el norteamericano Fred Miller, completaron tres de las cinco pruebas y se clasificaron en este orden, con todas las victorias para el galo.

En Star compitieron un total de siete tripulaciones con victoria para el Fandango con Emilio Gurruchaga y Mateo. Emilio era el tripulante habitual de Enrique Urrutia, quién no pudo navegar. Lograron tres segundos y un primer puesto. La primera prueba de esta clase no se pudo completar por falta de viento. Juncho Arregui y Uriarte con el Galerna II ganaron dos de las pruebas, pero y cuarto y un tercero les situaron en el segundo puesto. Por su parte los portugueses Posser – Vilhena, se mostraron desconcertados en las pruebas de poco viento pera arrasaron en la última, lo que les permitió clasificarse en el cuarto lugar, justo detrás de Ramón Canosa y Navarrete.

No solo era la vela, pero casi.

Además de la primera edición del Trofeo San Isidro el, por entonces Club Náutico de Madrid, también organizó un Campeonato de España de Esquí Náutico, que patrocinara la naciente industria del motor a través de la marca Barreiros. Fue un lucido campeonato que contó, incluso, con su trampolín flotante para practicar la riesgosa disciplina de los saltos.

El segundo San Isidro

La actividad desenfrenada siguió en el año 1962, momento en el que la segunda edición del San Isidro ya fue toda una regata internacional con la inclusión de la clase Finn y la presencia de numerosas tripulaciones de Francia, Italia, Suecia, Portugal y Bélgica.

Las regatas disfrutaron de vientos más bien duros a lo largo de las seis pruebas disputadas, cinco para los stars. La mayor parte fueron inclementes castañas del estrecho que provocaron el terror, varios vuelcos y múltiples roturas de material en las tres flotas e, incluso, los stares regateando sin foque, única manera de reducir trapo y seguir navegando. Muchos barcos se quedaron en tierra ente las duras condiciones reinantes. Ya en sexta y última prueba la cosa se suavizó de forma notable, manteniendo el régimen de Norte.

La primera prueba fue, sin duda, la más dura de todas, en ella no tomaron la salida los stares, y solamente navegaron dos de los cinco finns presentes y seis de los 41 snipes presentes.

Una de las actuaciones más destacadas se dio en la olímpica clase Star en la que los portugueses Dos Santos – Rodrigues consiguieron la victoria sobre el Aldebarán, el barco de Ramón Azcoaga, prestado para esta ocasión. Los portugueses comenzaron mandando en las dos primeras pruebas disputadas, segunda y tercera del calendario, pero rompieron el palo en la cuarta y no pudieron completar el recorrido, con lo cual ganaron Ramón Canosa y Navarrete, autores de los segundos puestos en las anteriores pruebas. Los portugueses no se amilanaron y ante la imposibilidad de disponer de otro mástil repararon el roto con mucha imaginación y audacia, de tal manera que tomaron la salida en la quinta y última prueba y la ganaron sin que se rompiera de nuevo el palo.

El también olímpico Finn reunió a un total de cinco competidores, un portugués, dos franceses un sueco y por España el jovencísimo Félix Gancedo. Se impuso con autoridad el portugués Helder Soares Oliveira, con cuatro primeros y dos segundos. Segundo fue el francés Guille, ganador de la última prueba, que completó su concurso con dos segundos, dos terceros y un retirado. Nuestro Félix se apuntó la victoria en la segunda prueba, marcó un segundo, dos terceros un quinto y el no salido del primer día, lo que le proporcionó la tercera plaza de la General.

Victoria también foránea en Snipe, como en la edición fundacional la clase más populosa, con 41 participantes. En este caso ganaron los belgas Hine – Dumont, a bordo del Jan, barco prestado por Astilleros Abascal de Maliaño, en el todo Santander.

Los belgas consiguieron tres primeros, un tercero, un cuarto y se tuvieron que retirar en la quinta prueba. Sus principales rivales fueron los franceses Magrin – Lochaud, que terminaron segundos con tres segundos como mejores parciales. Tercero y premier español el Mijares de Canuto y Barrio, pertenecientes a la sección de regatas del Ejército del Aire, que se apuntaron la victoria en la prueba tercera. Tito Ocejo y Jan Abascal fueron los cuartos con un primero, un segundo y un tercero. Los locales Vakechuta de Gallego – Aguiló y Mosquito X, el barco del comodoro, prestado en esta ocasión a Arturo Delgado y Sevillano, realizaron un aseado concurso clasificándose en los puestos sexto y séptimo, como segundos y terceros españoles.

La victoria foránea en las tres clases no dejaba de ser fiel reflejo del atraso de nuestra vela, que se correspondía con el asilamiento de España de la décadas anteriores, algo que todavía costaría mucho superar.

La primera ampliación

Ya con las primeras ediciones del San Isidro completadas y con la experiencia de la actividad normal se comprobó que los bajos del edificio no eran capaces de acoger al número de barcos que precisaban cobijo, que la plataforma de hormigón resultaba exigua y que la grúa y la plataforma resultaban inútiles cuado bajaba la marea, aunque fueran solo unos pocos metros.

Se decidió entonces crear la actual plataforma con su cobertizo, talleres, lazareto y local para los marineros, así como una rampa para poder varar, al menos los snipes y vauriens, en las bajamares. Durante los años 65 y 66 se realizaron las obras y se instaló una nueva grúa en la plataforma recién creada.

Se trasladaron las taquillas de materiales, que originalmente estaban situadas en los bajos de edificio principal, conservando, afortunadamente, las puertas originales diseñadas por Corrales.

Más tarde se construyó el pabellón prefabricado de la Escuela de Vela y como final se trasladaron los vestuarios a la planta inferior del edificio, de tal manera que se pudo ampliar la zona social con la incorporación del actual comedor situado donde antes estuvieron los vestuarios masculinos y una prolongación del salón que ocupa el espacio de los antiguos vestuarios de chicas. Afortunadamente las obras se realizaron con respeto al concepto original y utilizando los mismos materiales, muebles y, sobre todo los suelos idénticos. Por último se construyó el puente de regatas sobre la cubierta de la planta principal del club.

Al otro lado del camino de acceso a la plataforma de hormigón también se construyó un primer cobertizo con chimenea que comenzó siendo el local de Afiliados Deportivos y actualmente, después de alguna que otra consolidación, es la taberna marinera, con sus dos terrazas y su barbacoa.

Lamentablemente a finales del año 1962 murió nuestro primer Presidente Álvaro de Urzaiz y Silva, un marino excepcional y una personalidad que hizo mucho por el avance de la Vela en España. De forma interina fue sustituido por Ángel Riveras de la Portilla hasta que, siguiendo lo marcado en los estatutos del Club, se eligió nueva Junta Directiva.